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¡Saludos desde Puyo!
 
Esta vez os escribimos para contaros como hemos pasado el mes de enero y principios de febrero.
 
En primer lugar, el 15 de enero llegaron mis padres a Quito. Allí estábamos Kiko y yo esperándolos con los brazos abiertos y muchas ganas de verlos después de seis meses. Sin olvidar que venían cargaditos de cosas buenas para nosotros y para compartir: turrones, jamoncito, caramelos y por supuesto medicinas.
 
Nuestra primera semana la pasamos viajando por la costa. Visitamos Otavalo, Ibarra, Esmeraldas, Atacames, Bahía de Cadáquez, Puerto López con la Isla de la Plata y regresamos a nuestro Puyo, donde mis padres ya querían llegar para conocer dónde, con quién y cómo vivíamos.
 
 
La segunda semana fue un poco menos divertida: aparecieron los primeros síntomas del agua de Puyo: ¡AMEBAS! Dos días en casa y dos días de hospitalización para mejorar los problemas de deshidratación y evitar posibles complicaciones. También necesitaba un poco de cariño y de cuidados de mis papás (je, je, je).
 
 
Finalmente, la última semana pudimos ir al Proyecto Encuentro, donde conocieron a los chicos/as que les acribillaban a preguntas de todo tipo. Vieron el trabajo que realizamos y compartieron alegrías, nervios, tristezas, problemas, sorpresas, risas…
También participaron de la inauguración de la nueva aula del Proyecto subvencionada por Carumanda, donde como miembros y socios de la ONG éramos los invitados de honor. Con mucha envidia de todos recibieron un magnífico regalo de los vestidos típicos de los indígenas, que con mucho trabajo habían elaborado los peques del proyecto junto con el maestro.
 
   
 
Lo que nos gustó de la visita de nuestros padres es que pudieron comprobar varios aspectos del país. Los buenos: los paisajes, la belleza del país, turismo… la gente que nos rodea, el trabajo que nos gusta… Los malos: la incapacidad del país para aprovechar sus recursos, la corrupción, la pobreza y la marginación.
 
Como siempre y en todo lugar, llegó la hora de la despedida. Con mucha pena por parte de todos pero con el corazón lleno de emociones y experiencias para contar, el sábado día 5 de febrero se fueron de nuevo a España (aunque mi madre casi se queda para hacernos sopas, croquetas, albóndigas,…).
 
El Proyecto Encuentro ha participado en el Carnaval de este año con su nuevo taller de carrozas, Kiko y yo manejábamos el carro y llevábamos la música, de manera que llegamos un poco tarde a la asamblea.
Nuestra alegoría (o carroza) fue muy aplaudida (no sabemos si por la carroza en sí, si por las reinas que llevábamos o porque así les tiraban caramelos). La cuestión es que nosotros y los chicos que participaron en ella, quedamos muy contentos y orgullosos de todo el trabajo realizado durante la semana anterior.
 
 
El mismo día tuvo lugar la Asamblea Misionera a la que acudimos. Aprovechando la ocasión, nosotros también quisimos poner un granito de arena, así que realizamos para todos los misioneros del Vicariato, una pequeña presentación de qué es Carumanda, qué pretende, cuál es su misión y qué proyectos se pueden presentar (entre otras cosas). Nuestra intención era que todos los misioneros conocieran la ONG y supieran que se pueden acercar a ella si los proyectos se relacionan con su misión.
 
No es que queramos estropear la alegre y feliz carta, pero queremos explicar algo no tan positivo, pero refleja lo que vivimos acá. Todo es bonito y normal, pero como el refrán “es un día bonito pero seguro que pasa algo y lo fastidia”, un día te viene una chica del Proyecto diciendo que se va al hospital a visitar a su primita de 20 meses porque la han violado. Otro día, otra niña te explica que su madre y sus hermanos quieren casarla con un joven que la quiere (imaginaros para que), ella no quiere, quizás porque sólo tiene 12 años. Incluso otro día, una mujer viene denunciando a su marido porque se lleva a una chica del Proyecto los fines de semana, con el consentimiento de la madre de la niña a cambio de dinero. Otro día… Todos son casos reales, que se viven acá, como consecuencia de una gran desestructuración familiar, falta de educación, pobreza, marginación… No sé, queremos dejar claro que la gente sufre mucho, pero sobretodo lo hacen interiormente, y que nosotros nos sentimos felices y útiles de ayudar en lo que podemos, aunque cada día rezamos para que en un futuro no necesiten de nuestra ayuda, lo que significaría que las cosas van mejor a las personas con las que nos relacionamos y que el país está creciendo.
 
Como muchas cosas en la vida que tienen cara y cruz, nuestro trabajo continúa en la Amazonía, esta semana pasada proseguimos con la preparación del I Festival Amazónico Juvenil, que en la próxima carta os contaremos.
Un beso.
 
Kiko y Jenny
 
 
© Carumanda - desde lejos, 2005