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Desde que con 15 años entré en el Grupo de Acción Misionera en el colegio de la Sagrada Familia, una de mis metas fue el colaborar en un proyecto Ecuador, y en el verano del 2003 la he podido llevarla a cabo. El proyecto en el que he participado ha consistido en la construcción de una sala multiusos para la parroquia del Niño Jesús; pero, personalmente, la construcción ha sido una mera excusa gracias a la que he vivido una de las experiencias más importantes de mi vida.

 
 

Esta experiencia la he compartido con otras seis personas, que me acompañaron y ayudaron, y sin las que seguramente esto no habría sido lo mismo. Sinceramente, tengo que reconocer, que para mí fue duro, en ocasiones muy duro. Es muy difícil trabajar en un lugar donde la gente tiene una mentalidad totalmente distinta a la tuya, donde mi mentalidad de europeo en la que lo más importante son los resultados y la efectividad, donde lo que importa a cada uno es uno mismo, aquí se queda "obsoleta" y fuera de lugar, porque es más importante la comunidad, y no importa que sólo sea un tejado si sirve para reunirse y donde se reúnen todos en una "minga" para trabajar por el bien de la comunidad.

 

Es difícil entender que para ellos es más importante construir una sala redonda para reunirse en asamblea en círculo con el propósito de no ser ninguno más que el otro, donde tú construirías una sala cuadrada más aprovechada pero menos igualitaria.

 

Es duro ver como una comunidad que vive muy precariamente te recibe con los brazos abiertos, te expone sus problemas, te invita a comer lo mejor que tienen, esperando ellos a que tú termines porque no hay sitio ni comida para todos, y tú te vas sin poder hacer nada ni darles un pequeño atisbo de esperanza.

Es duro que te acojan como a un hermano cuando apenas te conocen y tú sabes que en España no les dirigirías la palabra.

Es duro vivir tantas experiencias lejos de la familia, pareja y amigos, y sentir que allí estás como en tu casa y que te abrirían cualquier puerta como si fuera tu hogar.

Es duro ver que tú les traes algo importante para sus vidas y no sentirlo importante en tu corazón.

 
Podríais pensar que he ido allí a pasarlo mal o que ha sido una mala experiencia, pero estaríais muy equivocados; porque si no lo hubiera pasado mal en ciertos momentos, si no hubiera sufrido, para mí no habría valido la pena tanto esfuerzo, porque sólo de esta manera he sabido y sé apreciar lo que allí he vivido, esa generosidad rica en medio de tanta necesidad; porque sólo de esta manera he sabido y sé apreciar lo que tengo y se me ha dado gratis; porque sólo de esta manera sé que debo mirar con otros ojos a los que están a mi alrededor y sé que no debo quedarme quieto ante tanta desigualdad e injusticia, porque el que vive esta experiencia no puede volver igual que fue.
 
Por todo esto quiero dar las gracias a todos aquellos que me han ayudado antes, durante y después a conocer la realidad en la que vivimos, que no está tan lejos si sabemos ver bien.
 
 
Jairo San Critóbal (Delegación de Burgos)
 
© Carumanda - desde lejos, 2004