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El Proyecto Ecuador 2002
se realizó en dos zonas muy diferentes de Ecuador. En Puyo,
situado en el oriente, en la zona de selva y en Guaranda,
en plena sierra andina. Tuve la gran suerte de poder ir a
Ecuador ese verano y colaborar con el Proyecto de Guaranda.
Consistía en la construcción de un aula-taller de artesanía
en la comunidad indígena de Tagma Rumiñahui. El grupo de mujeres
de esta comunidad había solicitado este proyecto debido a
la necesidad que tenían de un lugar donde poder llevar a cabo
sus labores de artesanía que posteriormente venden en el mercado
de Guaranda. |
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Un grupo de siete voluntarios de Carumanda
estuvimos allí durante un mes y medio. Colaborábamos
en las tareas de construcción en lo que podíamos
durante la mañana. Por las tardes, cuando ya la falta
de luz impedía el trabajo en la obra, realizábamos
tareas de apoyo escolar para los muchos niños que vivían
en esa comunidad. Había tiempo para todo, para estudiar
y aprender cosas bonitas, y para jugar y divertirse. Por las
noches, en torno a la candela para soportar el frío de
la sierra, nos reuníamos con los adultos. Conversábamos,
cantábamos e incluso hacíamos juegos. Una noche
hasta hicimos tortas de maíz en la lumbre mientras ellos
nos cantaban en su lengua, el quichua. |
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Cuando llegó el momento de marcharnos, mirábamos
la construcción con tristeza; no había dado
tiempo a acabar el edificio. Sin embargo el proyecto había
terminado. Había sido mucho más que “poner
ladrillos”. De hecho, eso fue lo de menos: habíamos
compartido. Sí, compartir con mayúsculas.
Compartimos esfuerzo físico; recuerdo los pesados
sacos de cemento que descargamos del camión entre todos
a una velocidad de vértigo. |
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Compartimos juegos ; no se me olvidarán
las risas de los niños con los molinillos de papel que
hicimos una tarde. Compartimos momentos de fiesta; Elisabeth,
una muchacha indígena, terminó sus estudios en
la escuela de Gradas. Su madre le colocaba el birrete orgullosa
mientras por dentro sufría porque sabía que no
podría pagarle la universidad. Compartimos preocupaciones;
cada noche un hombre de la comunidad velaba para vigilar que
no llegaran ladrones de ganado. Compartimos trabajo; recogimos
cebada con la familia de Rosa, tejimos guantes con las mujeres,
cocinamos para el día de la minga.
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El proyecto actualmente
está funcionando. Se terminó la construcción
a los pocos meses. Las mujeres de Tagma trabajan allí
tejiendo sus bonitas shigras (bolsos indígenas), gorros,
chaquetas, ponchos, fajillas...que luego comercializan. Las
hermanas Salesianas de la hospedería campesina de Guaranda
acuden semanalmente para ayudarlas en sus artesanías
y con un importante trabajo de alfabetización. Recuerdo
a Sor Blanca y Sor Fabiola que nos decían : “Gracias
por acordarse de nosotros”
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| Gracias a Sor Blanca, a Sor Fabiola, a los
Hermanos de la Sagrada Familia en Guaranda y a los miembros
de la comunidad Tagma Rumiñahui que compartieron todo
lo que tienen y todo lo que son con nosotros. Y gracias a Carumanda,
a todos los socios, a los voluntarios y a los que hacen posible
que cada año compartir (con mayúsculas) sea una
experiencia maravillosa.
Rocío (delegación de Madrid) |
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