Construyendo puentes de esperanza

 
José Luis Garrido (presidente de Carumanda)
 
 

Cuando creíamos, quizás ilusoriamente, que nuestro mundo había entendido que los muros no sirven para hacer la vida más humana y más feliz, y cuando contemplamos con la caída del "muro" la apertura de fronteras, de culturas, de ideas,… vemos casi con incredulidad que hay países y grupos humanos que se empeñan en construir muros que nos lleven a la incomunicación, al prohibido el paso, al enfrentamiento y el rechazo.

Pero ¿qué puede esto escandalizarnos? Si analizamos nuestro mundo, nuestra sociedad, a cada uno de nosotros mismos, parecería que una de las tareas más innatas del ser humano es la de construir muros: hambre, guerras, marginación, enfrentamientos, aislamiento, injusticias…

¿Nosotros y nuestra sociedad avanzada? La sociedad de la abundancia produce bien-estar, pero no felicidad. En los países ricos no nos morimos de paludismo o de malaria, pero sí de vacío y hastío, de estresamiento o aburrimiento, de desencanto y desesperanza. El mucho tener y mucho comer-consumir embota la mente, endurece el corazón y asfixia la sensibilidad. Los que nadan en la abundancia se ahogan en la ansiedad. Terminan por no valorar las cosas que tienen, demasiadas, y que apenas necesitan. Es ceguera cruel, también sordera. Esas cosas podrían librar de la muerte a los que nada tienen.

Pero al mismo tiempo observamos otra realidad más esperanzadora. Hay personas, y no son pocas, que han descubierto que los muros se pueden derribar y se pueden construir puentes que nos lleven a trabajar por un mundo más justo y más humano. Hay gentes que han descubierto que merece la pena gastar las energías en ser puentes, que han descubierto cómo conseguir la felicidad auténtica y cómo hacer un mundo más feliz para todos.

Desde Carumanda así lo hemos entendido. Queremos tender puentes de esperanza con los alejados y con los de cerca. No es mucho lo que podemos hacer, somos pocos y muy limitados, pero es todo lo que podemos hacer.

Llevamos casi tres años de funcionamiento y hemos tendido muchos puentes, pequeños puentes de ilusión y esperanza. Hemos tendido puentes construyendo viviendas para quienes vivían en situaciones infrahumanas en Lago Agrio. Hemos tendido puentes con quienes se han beneficiado de las canalizaciones de agua potable. Hemos tendido un puente con la joven que podrá caminar gracias a unas prótesis. Hemos tendido puentes con los niños de la calle de Puyo. Hemos tendido puentes con muchos niños y jóvenes que hemos becado y ayudado a continuar sus estudios,… Hemos tendido puentes con muchas personas con las que hemos convivido y compartido en 12 años de Proyecto Ecuador en verano.

Son muchos los que, principalmente en Ecuador pero también en México, Perú, Argentina o la India, saben de Carumanda y de los voluntarios anónimos que en ella trabajan. Y nosotros desde aquí, también sabemos de ellos, de sus problemas, de sus miserias, de sus ilusiones...

Y esto es gracias a los puentes que estamos tendiendo. Y seguiremos construyendo puentes. Lucharemos por la paz, por la justicia, por la igualdad. Porque las guerras, ésta y otras que no se mencionan, los abusos de poder, toda clase de injusticias, siempre edificaron muros nunca puentes.

Y este tender puentes debe llevarnos a un compromiso personal: el poner la propia persona al servicio de un mundo que siempre está naciendo, el trabajo por romper el aislamiento, por acercarse a los marginados, por comprender al incomprendido, por aceptar al rechazado; la opción por la paz y el perdón al servicio y el compartir...

Es un estilo de vida: derribar muros, construir puentes de esperanza.


© Carumanda - desde lejos, 2004