Carumanda entiende que estos desequilibrios no son fruto
del azar ni de la incapacidad de los pueblos y las personas, sino que
son el resultado de un injusto reparto de bienes y recursos del planeta,
favoreciendo así a los más poderosos en detrimento de los más pobres y
desfavorecidos.
Carumanda
rechaza las ideologías y modelos socioeconómicos que promueven
y justifican este sistema injusto, a la vez que los modelos de vida consumistas,
individualistas y competitivos, que fomentan las desigualdades.
Carumanda
reconoce también el esfuerzo de todos aquellos que aportan su
grano de arena en la creación de un mundo más justo y solidario, a la
vez que se siente con fuerzas para creer en un futuro de esperanza donde
la justicia entre personas y pueblos sea la norma social y económica.
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